

Viviendas y negocios son construcciones completamente diferentes: las primeras, están destinadas a ser el hogar y refugio de las personas, y, las segundas, son establecimientos dedicados a tareas comerciales por los que cada día pasan un gran número de clientes.
Por ello, las necesidades de aislamiento, suelen ser diferentes, sobre todo en temas de acústica.
Sin embargo, hoy en día cualquier tipo de construcción debe estar aislada correctamente para evitar las temperaturas extremas en el interior de las edificaciones.
Las fachadas son la parte que está en constante contacto con el exterior, por lo que son un elemento muy importante en cualquier edificación.
Funcionan como barrera acústica, de seguridad contra incendios y protegen el interior de las inclemencias del clima.
Por el tejado se pierde muchísima cantidad de energía, y más si no está correctamente aislado.
Para reducir al máximo la pérdida de calor, hay que contar con una cubierta correctamente aislada, que conseguirá que el edificio permanezca con una temperatura estable en cualquier estación del año.
Las paredes funcionan como particiones del espacio interior, por lo que es imprescindible que estén aisladas con materiales que promuevan una temperatura óptima.
Algunos de ellos pueden ser la lana de roca, el aislante favorito de la Unión Europea debido a sus magníficas propiedades, o recurrir a otras opciones como el aislamiento insuflado.
Las tuberías, conductos de ventilación y chimeneas también deben contar con aislamiento térmico para que el calor no traspase los muros de la edificación.
Así, no existirán pérdidas térmicas y se contribuirá a mejorar el ahorro en las facturas de la luz.
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