

Alcanzar una temperatura de confort dentro de una vivienda sin tener que abusar de consumo energético es un objetivo muy perseguido en la actualidad. Para lograrlo, tanto el aislamiento térmico como la inercia térmica pueden tener bastante que ver, pero… ¿Qué son exactamente estos conceptos? ¿Son lo mismo o difieren completamente? Descúbrelo en este post.
Del aislamiento térmico ya hemos hablado largo y tendido en anteriores posts, pero para resumir podríamos definirlo como aquellos sistemas y/o materiales con determinadas propiedades (baja conductividad, alta resistencia térmica…) que mitigan o impiden las transferencias de temperatura que se dan entre las construcciones y el entorno.
Por ejemplo, si estamos en invierno y hace frío fuera, un buen aislante impedirá que el calor de nuestro hogar se escape (con lo que descendería la temperatura en el interior). El aislamiento térmico ayuda a mantener una temperatura más estable durante todo el año.
Al igual que en el caso del aislamiento, la inercia térmica también puede ayudarnos a regular la temperatura interior de una vivienda, pero no de la misma manera. Los materiales y cerramientos con alta inercia térmica son capaces de acumular grandes cantidades de energía en su interior, como si fueran una batería, para luego liberarla lentamente. Esto hace que sean capaces de actuar como colchón protector ante las fluctuaciones térmicas que se dan en el exterior de la vivienda.
Por ejemplo, en invierno un material de este tipo (como la piedra) absorberá el calor del sol durante el día para luego desprenderlo lentamente cuando llegue la noche y las temperaturas bajen en el exterior, manteniendo así la vivienda a una temperatura confortable. En verano, el material absorberá el calor de dentro de la vivienda, manteniéndola más fresca, para luego liberarlo hacia afuera con la ventilación nocturna.
Tanto el aislamiento térmico como la inercia térmica pueden ayudar a alcanzar una temperatura de confort dentro de una vivienda reduciendo el consumo de sistemas de calefacción o aire acondicionado.
La inercia térmica se aprovecha mucho en arquitectura bioclimática, pero necesita de materiales específicos con una alta densidad y espesores más grandes (piedra, hormigón, adobe). Además, estos materiales necesitan mucho tiempo para acumular energía, por lo que no es una solución adecuada para viviendas de uso ocasional, ya que calentarla costará mucho tiempo y recursos. También hay que tener en cuenta que si queremos aprovechar esta propiedad tendremos que tenerla en cuenta desde el mismo diseño de la vivienda.
El aislamiento térmico puede ser incorporado tanto en obra nueva como en reformas de forma bastante sencilla, como el caso del insuflado de lana mineral. No necesita contar con grandes muros para aprovechar sus ventajas, y nos ofrece sus beneficios en todos los casos, sea en casas habitadas permanentemente o segundas viviendas.
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